Hombrecitos
Hombrecitos —¿Qué es eso…? —preguntó Daisy, aguzando el oÃdo.
—El juguete nuevo.
—¿Es grande?
—En parte sÃ, y en parte no.
—¿He visto alguno igual o parecido…?
—Muchos, pero ninguno tan bonito como éste.
—¿Qué será…? ¡No lo adivino! ¿Cuándo lo veré?
—Mañana por la mañana, después que des las lecciones.
—¿Sirve el juguete para los niños…?
—No, sirve sólo para ti. A los niños les gustará verlo y lo querrán; tú podrás dejarles o no dejarles que jueguen con él.
—Le daré permiso a mi hermano.
—Les gustará a todos y especialmente a George, a «Zampabollos» como lo llaman.
—¿Me dejas que lo toque…?
—No; podrÃas adivinarlo y no habrÃa sorpresa para mañana.
Daisy suspiró y después sonrió satisfecha viendo algo brillante por un agujero del papel.
—Mira, tÃa Jo, estoy intrigadÃsima. ¿Me dejas verlo hoy?