Hombrecitos
Hombrecitos —No, hijita; hay que arreglarlo todo y poner cada cosa en su sitio. Le dije a tÃo Teddy que no verÃas el juguete hasta que se hallase bien acondicionado.
—Si tÃo Teddy ha intervenido, estoy segura de que el regalo ha sido espléndido —dijo Daisy palmoteando y recordando los muchos y magnÃficos regalos que hacÃa el rico pariente.
—TÃo Teddy me acompañó a comprar el juguete, y estuvo conmigo en la tienda ayudándome a elegir las distintas piezas; quiso que fuesen bonitas y grandes, y ha resultado que mi modesto plan se ha ensanchado y perfeccionado. Ya puedes dar gracias y muchos besos a ese excelente tÃo, que te ha regalado la más hermosa de las co… ¡Válgame Dios! Por poco descubro el secreto.
Calló mamá Bhaer y se dedicó a repasar las notas de las compras, para evitar la infidencia. Daisy cruzó las manos y se quedó meditabunda, esforzándose por adivinar el juguete cuyo nombre empezaba con co.
Al entrar en la casa, la chicuela no quitó la vista de los paquetes que iban sacando, y observó que Franz cargaba un bulto grande y pesado, y lo llevaba a la habitación inmediata a la de la tÃa Jo.