Hombrecitos
Hombrecitos Algo misterioso ocurrió aquella tarde en la casa, porque Franz estuvo martillando, Asia no dejó de ir y venir, y tía Jo anduvo de acá para allá, ocultando bultos raros bajo el delantal; Teddy era el único niño a quien se consintió presenciar las manipulaciones, y Teddy, que aún no sabía hablar, balbucía y se afanaba por explicar lo que había visto.
Daisy estaba desconcertada y su excitación y su curiosidad se contagiaron a los niños, que abrumaron a mamá Bhaer con ofrecimientos de ayuda. Pero la mamá rehusó admitir colaboradores y contestó a todos:
—Las niñas no pueden jugar con los niños; dejen en paz a Daisy y a mí. El nuevo juguete no es para ustedes.
Los muchachos, tras breve meditación, invitaron amablemente a Daisy para que jugase con ellos a los bolos, a los soldados, al fútbol. La pequeña se maravilló de que le prodigaran tantas atenciones.