Hombrecitos
Hombrecitos Daisy, tras sus primeras exclamaciones de júbilo, quedóse extática paseando miradas radiantes por aquellas preciosidades; luego, brincó y abrazó emocionada a tÃa Jo, exclamando con fervorosa gratitud:
—¡Qué juguete tan espléndido! ¿Me permitirán guisar y preparar comiditas, y encender fuego y barrer…? ¿SÃ…? ¡Qué alegrÃa! ¿Cómo se te ocurrió regalarme esta cocina…?
—Al observar que te gustaba ayudar a Asia a amasar las empanadas. Supuse que nuestra cocinera no te dejarÃa manipular con frecuencia en sus guisos; además, allà corrÃas el riesgo de quemarte; entonces pensé en un fogón adecuado y en enseñarte a cocinar, con lo cual encontrarás entretenimiento provechoso; anduve buscando y rebuscando por las tiendas de juguetes; pero todo lo que habÃa era grande y muy costoso; de casualidad tropecé con tÃo Teddy, que generosamente, se ofreció a ayudarme, y se empeñó en adquirir la mejor cocina que vimos. Yo me opuse, pero tu tÃo me recordó los tiempos en que, siendo yo niña, cocinaba; y se dedicó a comprarme todas las cacerolas y objetos más bonitos que habÃa a la venta, con destino a la «Pequeña clase culinaria».
—¡Cuánto celebro la intervención de tÃo Teddy…!