Hombrecitos
Hombrecitos —Después de dar las lecciones, podrás guisar todos los dÃas, pero preferiré que comas lo que cocines a la hora en que todos comemos, y que a la hora del té no dejes las galletas. Hoy, por ser el primer dÃa, no importa romper con la costumbre. Esta tarde puedes preparar algo para tomar con el té —respondió mamá Bhaer, que disfrutara viendo a la niña, aun cuando no recibió invitación para participar de la comida.
—Quisiera hacer frutas de sartén para mi hermano, porque es aficionadÃsimo a ese dulce, y es muy lindo darles vuelta en el aceite y espolvorearlas con azúcar —insinuó Daisy.
—Pero si obsequias a tu hermano, los demás niños querrán su parte, y no habrá para todos.
—¿No podrÃa ser sólo, por esta vez, mi hermano, y luego, si los demás son buenos, yo les harÃa frutas de sartén…?
—¡Muy bien pensado! Haremos que tus comidas sean premios para los niños buenos y ya sé de algunos que las estimarán muchÃsimo. Si los hombrecitos son como los hombres, confÃo en que mi cocinera hará milagros halagándoles el paladar y el estómago, y dulcificándoles el carácter.