Hombrecitos
Hombrecitos —Recojo la indirecta —murmuró papá Bhaer que, desde la puerta, miraba y oÃa complacido—. Pero considera que si yo me hubiera casado contigo enamorado sólo de tus talentos culinarios, mal me hubiera ido en los últimos años.
Teddy abrazaba a su padre y tartamudeaba, afanándose por describir el banquete que habÃa gozado.
Daisy enseñó envanecida su cocina y, audazmente, ofreció a papá Bhaer prepararle todas las frutas de sartén que fuera capaz de comer.
Capitaneados por Medio-Brooke, los muchachos entraron de rondón en los dominios cocineriles; las clases de la mañana habÃan terminado, y el olor de las costillitas asadas los atrajo como a canes hambrientos.