Mujercitas
Mujercitas —Mi sueño es muy distinto del que habÃa imaginado, pero no lo cambiarÃa por nada, aunque, al igual que Jo, no renuncio por completo a mi afición artÃstica ni me quiero limitar a ayudar a otros a cumplir sus sueños creativos. He empezado a trabajar en una escultura de nuestra hija y Laurie dice que es mi mejor obra hasta la fecha. Yo estoy de acuerdo con él y tengo pensado hacerla en mármol para que, pase lo que pase, conserve siempre la imagen de mi angelito.
Mientras Amy hablaba, un lagrimón cayó sobre el cabello dorado de la niña, que dormÃa en sus brazos, pues su amada hija era un ser frágil y el miedo a perderla era la única sombra que enturbiaba la afortunada vida de Amy. Aquella cruz habÃa hecho mucho bien a los padres, porque la pareja estaba más unida no solo por el amor, sino también por el dolor. Amy era cada vez más dulce, profunda y tierna, y Laurie se habÃa vuelto más serio, fuerte y firme; ambos estaban aprendiendo que la belleza, la juventud, la fortuna e incluso el amor no evitan que los más bendecidos conozcan la preocupación y el pesar, la pérdida y la aflicción, porque:
En toda vida, hay dÃas de lluvia,
dÃas oscuros y dÃas tristes y grises.