Mujercitas
Mujercitas —Está mejorando, querida, estoy segura de ello. No pierdas la esperanza ni la alegrÃa —repuso la señora March cuando la amorosa Daisy se inclinó desde su regazo para acercar su sonrosada mejilla a la de su pálida prima.
—No desfalleceré mientras te tenga a ti para animarme, mamá, y a Laurie para llevar más de la mitad de la carga —afirmó Amy con cariño—. Ante mÃ, nunca da muestras de preocupación, es atento y paciente conmigo, y afectuoso con Beth. Es mi mayor apoyo y consuelo. ¡Le quiero mucho! Asà que, a pesar de mi cruz, puedo decir, al igual que Meg, que soy una mujer feliz.
—No es preciso que yo diga nada, porque salta a la vista que soy mucho más feliz de lo que merezco —aseguró Jo, y miró a su bondadoso marido y a sus mofletudos hijos, que daban volteretas por el césped, detrás de ella—. Fritz está encaneciendo y engordando, y yo me estoy volviendo más delgada que una sombra y tengo más de treinta años. No seremos ricos jamás y Plumfield podrÃa ser pasto de las llamas una noche de éstas, porque el incorregible Tommy Bangs sigue fumando cigarrillos en la cama, aunque se ha quemado la ropa en tres ocasiones ya. Pero, a pesar de estos hechos tan poco románticos, no me puedo quejar de nada y mi vida nunca habÃa sido tan pistonuda. Perdonad la expresión pero, como vivo rodeada de muchachos, no puedo evitar utilizar alguna de sus palabras de vez en cuando.