Mujercitas
Mujercitas —SÃ, Jo, creo que tendrás una buena cosecha —dijo la señora March espantando con la mano un gran grillo negro que miraba a Teddy desconcertado.
—Ni la mitad de buena que la tuya, mamá. Aquà está la prueba. Nunca te agradeceremos lo bastante tu paciencia a la hora de sembrar y dejarnos madurar —comentó Jo, con la amorosa impetuosidad que jamás lograrÃa controlar.
—Espero que, cada año, haya más trigo y menos paja —murmuró Amy.
—Es un buen haz, querida Marmee, pero sé que en tu corazón tienes lugar para todos —añadió Meg con ternura.
Emocionada, la señora March estiró los brazos como si quisiera acercar a su pecho a sus hijas y a sus nietos, y dijo, con una expresión y una voz llenas de amor, gratitud y humildad de madre:
—¡Oh, mis niñas, por mucho que viváis, nunca seréis más felices que hoy!

