Mujercitas
Mujercitas —Y no me encuentra tan guapo como a su abuelo.
—En efecto, señor.
—Y parece que siempre me salgo con la mÃa.
—Era una opinión, señor.
—Y, a pesar de todo eso, le caigo bien.
—SÃ, señor, asà es.
Las respuestas de Jo fueron del agrado del anciano caballero, que se echó a reÃr, le estrechó la mano, y la tomó de la barbilla para levantarle el rostro, lo observó con expresión seria y, tras retirar la mano, meneó la cabeza.
—Tiene usted el carácter de su abuelo, aunque no se parece fÃsicamente a él. Era un buen hombre, querida, pero, por encima de todo, era valiente y honrado. Me enorgullezco de haber sido amigo suyo.

—Gracias, señor —repuso Jo, que ahora se sentÃa a gusto después de oÃr un comentario tan agradable.
—¿Qué le ha hecho a mi nieto? —preguntó a continuación el anciano con tono severo.
—Solo intentaba ser una buena vecina, señor —respondió Jo, y le explicó el propósito de su visita.
—¿Cree que necesita distraerse un poco?