Mujercitas
Mujercitas Amy no pudo seguir porque Jo, presa de su temperamento iracundo, la zarandeó hasta que a la pequeña le castañetearon los dientes, y en un arranque de pena y rabia dijo entre sollozos:
—¡Eres mala, mala! He perdido mis escritos. ¡No te perdonaré mientras viva!
Meg acudió a rescatar a Amy y Beth trató de calmar a Jo, pero ésta estaba fuera de sí; propinó una bofetada de despedida a su hermana y salió de la sala, para buscar refugio y consuelo en la butaca del desván.