Mujercitas
Mujercitas Jo sintió el impulso de descansar la cabeza en el regazo de su madre y llorar toda la rabia y la pena; pero el llanto era una debilidad impropia de un carácter masculino como el suyo y, además, se sentÃa demasiado herida para perdonar tan pronto. Asà pues, parpadeó para contener las lágrimas, meneó la cabeza y dijo en un tono hosco dedicado a Amy, que sabÃa estarÃa escuchando:
—Ha sido una acción abominable y no merece mi perdón.
Dicho esto, subió a acostarse y aquella noche no hubo ni charlas entretenidas ni confidencias.
Amy, ofendida al ver rechazado su intento de hacer las paces, deseó no haberse humillado y, sintiéndose más dolida que nunca, adoptó un aire de superioridad exasperante. Al dÃa siguiente, Jo seguÃa con su expresión sombrÃa y todo le salió mal. La mañana fue especialmente gélida y se le cayó la empanada caliente en un desagüe. La tÃa March se mostró muy quisquillosa, Meg estuvo pensativa y, al volver a casa, hasta Beth parecÃa ofendida y triste, mientras Amy no cesaba de hacer comentarios sobre las personas que siempre hablaban de su deseo de ser buenas y ni siquiera se molestaban en intentarlo, cuando tenÃan delante a otras que eran un ejemplo de virtud.