Mujercitas
Mujercitas —Tú no sabes lo que es, ¡no imaginas lo difÃcil que resulta! Cuando monto en cólera, soy incapaz de dominarme. Estoy tan fuera de mà que podrÃa hacer daño a cualquiera y disfrutar con ello. Me asusta que algún dÃa pueda cometer un acto terrible que destroce mi vida y haga que todo el mundo me odie. ¡Oh, mamá, por favor, ayúdame!
—Lo haré, hija mÃa, lo haré. En lugar de llorar, recuerda lo ocurrido en el dÃa de hoy y hazte el propósito de no permitir que algo asà vuelva a suceder. Jo, querida, todos tenemos tentaciones, algunas más fuertes que nosotros, y a menudo hace falta toda una vida para lograr superarlas. Piensas que tu carácter es el peor del mundo, pero yo tenÃa el mismo pronto que tú.
—¿Tú, mamá? ¡Pero si nunca te enfadas! —Jo se quedó tan sorprendida que olvidó por unos instantes su remordimiento.
—Llevo cuarenta años tratando de curar mi mal carácter y solo he logrado controlarlo. No pasa un dÃa sin que me enfade, Jo, pero he aprendido a no mostrar mi mal humor y no pierdo la esperanza de llegar a no sentirlo, aunque tal vez tarde otros cuarenta años en conseguirlo.