Mujercitas
Mujercitas No volvió a hablar con ella hasta la hora de la cena, cuando la encontró bebiendo champán con Ned y su amigo Fisher, que se comportaban «como un par de idiotas», según pensó Laurie, que se creía en el deber fraternal de defender a las March y acudir en su rescate siempre que lo necesitasen.

—Si bebes demasiado, mañana te dolerá la cabeza. No bebas más, Meg, sabes que a tu madre no le gustaría —murmuró inclinándose hacia la silla en la que estaba Meg, aprovechando un momento en el que Ned se alejó para ir a buscar otra copa y Fisher se agachó para recoger su abanico.
—Esta noche, no soy Meg, sino una muñeca que se comporta como una idiota. Mañana, me despediré de los adornos y las plumas y volveré a ser desesperadamente buena —repuso ella con una risita afectada.
—Ojalá ya fuese mañana —musitó Laurie, y se alejó muy disgustado por el cambio de actitud de la joven.