Mujercitas
Mujercitas —Os he contado que me vistieron a su gusto, pero no os he dicho que me empolvaron, me pusieron un corsé apretado, me rizaron el cabello y me dejaron hecha un figurÃn. A Laurie no le pareció bien, lo sé, pero no dijo nada y un hombre me llamó «muñeca». Yo sabÃa que aquello no estaba bien, pero todos me dedicaban elogios, me decÃan que estaba muy guapa y otras tonterÃas que no vienen a cuento. Asà que dejé que me pusieran en ridÃculo.
—¿Eso es todo? —preguntó Jo, mientras la señora March miraba en silencio el rostro abatido de su preciosa hija sin verse con ánimos de reñirla por su insensatez.
—No. También bebà champán, salté, estuve coqueteando y me comporté fatal —añadió Meg en tono acusador.
—Sospecho que hay algo más —dijo la señora March acariciándole la mejilla.
Meg se sonrojó y dijo enseguida:
—SÃ, lo hay. Es una tonterÃa, pero quiero contártelo porque detesto que la gente diga o piense cosas asà sobre Laurie y nosotras.
A continuación, relató los cotilleos oÃdos en casa de los Moffat. Jo observó que su madre apretaba los labios al escucharla, como si le molestase sobremanera que alguien pusiese en la mente de su inocente hija tales ideas.