Mujercitas
Mujercitas Snodgrass se puso en pie y afirmó con vehemencia:
—Señor presidente, le doy mi palabra de honor de que Laurie no hará tal cosa. Le gusta escribir y mejorará la calidad de nuestra publicación, además de ayudarnos a no ser tan sentimentales. ¿No lo veis? Él hace tanto por nosotras, y nosotras, tan poco por él, que creo que al menos podemos ofrecerle un lugar en nuestro club y darle la bienvenida si acepta.
La mención a la ayuda recibida convenció a Tupman, que se levantó y dijo:
—Es verdad, se lo debemos, aunque nos asuste. Yo digo que Laurie puede venir y, si quiere, también su abuelo.
El repentino arranque de generosidad de Beth dejó a las demás boquiabiertas y Jo se levantó para aplaudir.
—Está bien, votemos de nuevo. Recordad que se trata de nuestro Laurie. Decid «sû bien alto —invitó Snodgrass muy animado.
Sonaron tres sÃes al unÃsono.
—¡Estupendo! ¡Dios os bendiga! Ahora, sin más dilación o, como dice Winkle, «cogiendo el toro por los cuernos», dejad que os presente a nuestro nuevo miembro. —Y para asombro de los demás miembros del club, Jo abrió la puerta del armario, donde apareció Laurie, sentado sobre un saco de trapos, colorado y tratando de contener la risa.