Mujercitas
Mujercitas —Si viviese en una casa llena de compañeras estupendas o pudiese viajar, el verano serÃa fantástico; pero quedarme en casa con tres hermanas egoÃstas es muy duro y pone a prueba mi paciencia —se quejó la señorita Malaprop tras varios dÃas consagrados al ocio, la despreocupación y el ennui.
Ninguna querÃa reconocer que estaba cansada del experimento pero, el viernes por la noche, todas suspiraron aliviadas en secreto, pensando que la semana estaba a punto de terminar. La señora March, que estaba de muy buen humor, decidió llevar la lección al extremo y rematar el experimento con un final adecuado. Asà pues, concedió el dÃa libre a Hannah para que las chicas conocieran el resultado de un sistema de vida basado en el entretenimiento.
Cuando las muchachas se levantaron el sábado por la mañana, no habÃa fuego encendido en la cocina, ni desayuno sobre la mesa del comedor, ni rastro de su madre.
—¡Válgame el cielo! ¿Qué habrá ocurrido? —exclamó Jo mirando alrededor con espanto.
Meg corrió escaleras arriba y bajó de nuevo enseguida, más tranquila pero también perpleja e incluso algo avergonzada.