Mujercitas

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—Sería conveniente que miraras qué puedes preparar para comer antes de invitar a nadie —advirtió Meg al enterarse del amable pero impulsivo gesto de Jo.

—Oh, tenemos carne en conserva y patatas de sobra; iré a comprar espárragos y una langosta para darnos un «capricho», como dice Hannah. También hay lechuga, de modo que prepararé una ensalada. No tengo idea de cómo hacerla, pero seguiré la receta. De postre comeremos pudin blanco con fresas. Y, por último, café. Creo que eso quedará muy elegante.

—Jo, no te compliques demasiado porque, que yo sepa, aparte del pan de jengibre y el almíbar, nunca has hecho nada que se pueda comer. Yo me lavo las manos con respecto a la comida y, puesto que has decidido invitar a Laurie sin consultar con nadie, creo que es justo que tú te encargues de atenderle.

—Solo te pido que seas amable con él y me eches una mano con el pudin blanco. Si no sé hacer algo me ayudarás, ¿verdad? —preguntó Jo bastante dolida.

—Sí, claro, pero yo tampoco sé demasiado. Solo sé hacer pan y alguna tontería más. Y más vale que le pidas permiso a mamá antes de comprar nada —dijo Meg, prudente.

—Por supuesto. ¡Ya pensaba hacerlo, no soy tonta! —Y Jo se marchó, molesta por las dudas que su hermana albergaba con respecto a su capacidad.


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