Mujercitas
Mujercitas —… a una joven bellÃsima que, tras un grito de alegrÃa, exclamó: «¡Al fin! ¡Al fin!» —continuó Kate, que habÃa leÃdo muchas novelas caballerescas francesas y era una gran aficionada al género—. «Es ella», dijo el conde Gustave, y cayó rendido a sus pies, henchido de felicidad. «Por favor, levantaos», susurró la joven tendiéndole la mano, de marmórea blancura. «No antes de que me digáis cómo puedo rescataros», afirmó el caballero, aún hincado de rodillas. «Por desgracia, mi cruel destino me condena a permanecer aquà hasta que mi tirano sea derrotado». «¿Dónde está el villano?». «En el salón malva; id, valeroso caballero, y salvadme de la desesperación». «Asà lo haré y ¡volveré victorioso o muerto!». Tras pronunciar aquellas terribles palabras, corrió hacia el salón malva, abrió la puerta de un puntapié y, cuando se disponÃa a entrar, recibió…

