Mujercitas
Mujercitas —¡No puedo! Yo no juego, nunca lo hago —dijo Frank, consternado por el apuro del que debÃa salvar a la ridÃcula pareja. Beth habÃa desaparecido detrás de Jo y Grace se habÃa quedado dormida.
—¿Vamos a dejar al pobre caballero peleando con el seto? —preguntó el señor Brooke, sin dejar de mirar el rÃo y jugueteando con la rosa silvestre que llevaba en el ojal.
—Supongo que la princesa le dio una flor y le abrió la puerta al cabo de un rato —dijo Laurie sonriendo mientras tiraba bellotas a su tutor.
—¡Vaya una historia sin pies ni cabeza nos ha salido! Con un poco de práctica, podrÃamos lograr algo más atinado. ¿Conocéis la verdad? —preguntó Sallie cuando terminaron de reÃrse de la historia del caballero.
—Espero que sà —respondió Meg con tono serio.
—Me refiero al juego.
—¿En qué consiste? —inquirió Fred.
—Bueno, juntamos las manos, poniendo las unas sobre las otras, elegimos un número y vamos retirando las manos por turnos. La persona que las aparta en el momento en que se diga el número elegido tiene que contestar la verdad a las preguntas que le formulen los demás. Es muy divertido.