Mujercitas
Mujercitas —Unos cordones nuevos para las botas —contestó Jo, que había adivinado su intención y se salió por la tangente.
—Esa respuesta no vale. Tienes que decir qué es lo que más deseas.
—Talento. ¿A que te gustaría poder regalármelo, Laurie? —dijo Jo con una sonrisa al ver la expresión de contrariedad de su amigo.
—¿Qué virtudes valoras más en un hombre? —inquirió Sallie.
—Valor y honradez.
—Me toca a mí —dijo Fred al retirar la mano.
—Ahora es la oportunidad —susurró Laurie al oído de Jo, que asintió y preguntó:
—¿Hizo usted trampas en el partido de cróquet?
—Bueno, sí, un poco.
—¡Bien! Y la parte del cuento que explicó, ¿no la sacó de El león de mar? —siguió Laurie.
—En gran medida, sí.
—¿Cree que la nación inglesa es perfecta en todo? —intervino Sallie.
—Me avergonzaría de mí mismo si no lo creyera.
—Es un verdadero patriota. Ahora, señorita Sallie, no es necesario que contemos, le toca a usted. Primero heriré sus sentimientos preguntándole si se considera coqueta —dijo Laurie, mientras Jo hacía un gesto con la cabeza a Fred para indicar que ya estaban en paz.