Mujercitas
Mujercitas —¡Dios la bendiga! Siente lástima por él y por eso es tan amable —comentó Jo con una sonrisa al verla desde el campo de cróquet.
—Siempre he pensado que es una santa —añadió Meg como si aquella escena fuese la prueba definitiva.
—HacÃa tiempo que no oÃa a Frank reÃr asà —explicó Grace a Amy mientras hablaban de muñecas y creaban un juego de té con cascaras de bellota.
—Mi hermana Beth puede ser fastidiosa cuando se lo propone —dijo Amy, complacida por el éxito de su hermana. En realidad habÃa querido decir «fascinante» pero, como no conocÃa bien el significado de ninguna de las dos palabras, le pareció que «fastidiosa» era la adecuada y le sonó bien.
La tarde acabó con un improvisado circo, una partida del zorro y las gallinas y un partido amistoso de cróquet. Al ponerse el sol, ya habÃan recogido la tienda, guardado los cestos, retirado los palos del campo de juego y cargado los botes, y el grupo se aventuró rÃo abajo, cantando a voz en cuello. Ned, en un arranque sentimental, cantó una balada con el melancólico estribillo:
¡Solo estoy, sÃ, solo estoy!
Y la letra:
Si ambos somos jóvenes y tenemos corazón,
¿por qué nos mantenemos tan frÃamente a distancia?