Mujercitas
Mujercitas —¿Quién se lo explica? —inquirió Meg a sus hermanas.
—Se reirá —advirtió Amy.
—¿Y eso a quién le importa? —apuntó Jo.
—Yo creo que le gustará —añadió Beth.
—¡Por supuesto! No me burlaré, tenéis mi palabra. Venga, Jo, cuéntamelo todo, sin miedo.
—¿Miedo yo de contarte algo a ti? ¡Qué gracia! Bueno, verás, solÃamos jugar al Progreso del Peregrino en invierno y en verano.
—SÃ, lo sé. —Laurie asintió con la cabeza.
—¿Quién te lo ha dicho? —preguntó Jo.
—Un pajarito.
—Yo se lo conté una tarde en la que no se encontraba muy animado y vino a casa a charlar pero no habÃa nadie más que yo. Jo, ¡no pongas esa cara! La idea le gustó —explicó Beth con dulzura.
—Eres incapaz de mantener un secreto. Bueno, no importa, asà me ahorro tener que explicárselo.
—Por favor, sigue —la animó Laurie al ver que Jo se entregaba de nuevo a su labor, un tanto enojada.
—Vaya, ¿mi hermana no te ha contado nuestro nuevo plan? Verás, hemos intentado no malgastar nuestras vacaciones y, por ello, cada una tenÃa asignada una tarea a la que se ha entregado en cuerpo y alma. Ahora, a punto de terminar las vacaciones, con la tarea cumplida, estamos muy contentas de no haber perdido el tiempo.