Mujercitas
Mujercitas —Yo tengo la llave de mi castillo en el aire; queda por ver si podré abrir la puerta —comentó Jo, enigmática.
—Yo también tengo la llave del mÃo, pero no me permiten probar suerte. ¡Maldita universidad! —protestó Laurie con un suspiro de impaciencia.
—Pues ésta es la mÃa —dijo Amy blandiendo su lápiz.
—Yo no tengo ninguna —intervino Meg con tristeza.
—Claro que la tienes —repuso Laurie sin pensarlo dos veces.
—¿Cuál?
—Tu rostro.
—TonterÃas, eso no sirve de nada.
—Espera y verás cómo te ayuda a conseguir algo que merezca la pena —afirmó el muchacho, y se echó a reÃr al recordar un pequeño secreto que habÃa descubierto.
Meg se sonrojó pero no preguntó nada más, y miró hacia el rÃo con la expresión esperanzada con que el señor Brooke lo habÃa contemplado mientras explicaba la historia del caballero.
—Si estamos todos vivos, ¿por qué no nos reunimos dentro de diez años para ver quién ha cumplido su sueño o está más cerca de lograrlo? —propuso Jo, siempre dispuesta a hacer planes.