Mujercitas
Mujercitas —Dejad de gritar y os lo contaré todo —dijo Jo, que se preguntaba si la señora Burney se habrÃa sentido tan importante tras la publicación de Evelina como ella con sus «Pintores rivales». Después de relatar cómo habÃa ido a entregar los cuentos, añadió—: Y cuando fui a ver qué le habÃan parecido, el hombre me dijo que le habÃan gustado los dos pero que no pagaba a principiantes, que solamente publicaba las obras y citaba a los autores para que se dieran a conocer. Dijo que era una buena costumbre y que, una vez conocido, al autor ya le pagaban por publicar. De modo que le dejé los dos cuentos y hoy he recibido este periódico. Laurie me sorprendió leyéndolo e insistió en verlo, asà que le dejé. Le ha parecido bueno y me ha animado a seguir escribiendo. También dice que se encargará de que por el próximo me paguen algo. ¡Soy tan feliz! Dentro de un tiempo podré mantenerme y ayudaros a todas.
Jo se quedó sin palabras, hundió el rostro en el periódico y añadió a su cuento unas cuantas lágrimas de verdad; ser independiente y ganarse la admiración de sus seres queridos eran sus dos máximas aspiraciones en la vida y, aquel dÃa, sintió que habÃa dado un primer paso hacia su feliz objetivo.