Mujercitas
Mujercitas Cuando los relojes dieron la medianoche y en todas las habitaciones reinaba el silencio, una figura se desplazó sin hacer ruido de cama en cama, alisó una colcha aquÃ, colocó una almohada allá, miró con ternura los rostros dormidos, que besó y bendijo antes de elevar al cielo una oración fervorosa como solo una madre puede hacer. Luego se dirigió a la ventana y entreabrió la cortina para contemplar la noche gris. De improviso, la luna se abrió paso entre las nubes y lo llenó todo de luz, como una cara luminosa y benigna que parecÃa susurrar en el silencio: «No te desanimes, querida, recuerda que tras las nubes siempre llega la luz».
