Mujercitas
Mujercitas —¡Por Cristóbal Colón! ¿Qué ocurre? —exclamó Jo.
Beth le hizo una seña para que se mantuviera a distancia y preguntó:
—¿Ya has pasado la escarlatina, verdad?
—Hace años, cuando Meg. ¿Por qué? —inquirió Jo.
—Entonces, te lo puedo decir… ¡Oh, Jo, el niño se ha muerto!
—¿Qué niño?
—El de la señora Hummel; ha muerto en mi regazo antes de que ella volviese a casa. —Beth se echó a llorar.
—¡Pobrecilla! ¡Qué experiencia tan horrible! TendrÃa que haber ido yo —dijo Jo. Acomodó a su hermana en su regazo tras sentarse en la butaca de su madre, muy arrepentida.
—No fue horrible, Jo, sino muy triste. Enseguida noté que habÃa empeorado, pero Lottchen dijo que su madre habÃa ido a buscar al médico, asà que me hice cargo del crÃo para que Lotty pudiese descansar. Pensé que se habÃa quedado dormido, pero de pronto lanzó un gemido, tembló y se quedó rÃgido. Intenté calentarle los pies y Lotty le quiso dar un poco de leche, pero el niño no se movÃa y comprendà que habÃa muerto.

—¡Querida, no llores! ¿Qué hiciste entonces?