Mujercitas
Mujercitas Jo, que se había apartado hacia un rincón, entró corriendo en la cocina, se sentó sobre un aparador y contó a los gatos que allí encontró lo «feliz, felicísima» que se sentía, mientras Laurie salía convencido de haber hecho una buena obra.
—Es el muchacho más entrometido que conozco, pero le perdono y espero que la señora March esté de camino —dijo Hannah, aliviada, cuando Jo le comunicó la buena noticia.