Mujercitas
Mujercitas Transcurrido un rato, empezaron a temer que el muchacho no despertase hasta la noche, y es posible que asà hubiese sido de no haberle puesto en pie el grito de alegrÃa de Amy al ver llegar a su madre. No dudo que en aquel dÃa hubiese muchas niñas felices en la ciudad, pero estoy convencida de que ninguna lo era más que Amy cuando, sentada en el regazo de su madre, relataba sus penas y recibÃa consuelo y compensación en forma de sonrisas y amorosas caricias. Estuvieron juntas, a solas, en su capillita y, cuando su madre conoció el objeto de aquel rincón, no puso objeción alguna.
—Me gusta mucho la idea, querida —dijo recorriendo con la mirada el polvoriento rosario, el Nuevo Testamento, gastado por el uso, y el hermoso cuadro con su guirnalda de hojas perennes—. Está muy bien disponer de un espacio al que acudir para serenarnos cuando algo nos incomoda o preocupa. La vida está llena de momentos difÃciles, pero podemos soportarlos mejor si pedimos ayuda de la forma adecuada. Creo que mi pequeña lo ha aprendido bien, ¿verdad?