Mujercitas
Mujercitas —Intentaré no ser vanidosa —explicó Amy—. No me gusta solo porque sea bonito. Mi intención es usarlo como la chica del cuento usaba su brazalete, como recuerdo de algo.
—¿De la tÃa March? —preguntó la madre entre risas.
—No; para recordarme que no he de ser egoÃsta. —Amy parecÃa tan seria y sincera que su madre dejó de reÃr en el acto y escuchó con respeto su explicación—. En estos dÃas, he pensado mucho sobre mis faltas y he concluido que el egoÃsmo es la peor de todas. Voy a hacer lo posible por eliminarlo. A Beth la quiere todo el mundo y la idea de perderla resultaba tan insoportable precisamente porque no es egoÃsta. Sà yo enfermase, la gente no lo sentirÃa ni la mitad, y lo cierto es que no merezco más. Pero me gustarÃa tener muchos amigos que me quisieran y me echasen de menos, por lo que he decidido ser como Beth en todo lo que pueda. Y para que no se me olviden mis buenas intenciones, me gustarÃa llevar algo que me recordase constantemente que he de esforzarme por ser mejor. ¿PodrÃa probar con esto?
—SÃ, pero me inspira más confianza el rincón del armario. Ponte el anillo, querida, y esfuérzate mucho. Creo que harás grandes progresos, pues el deseo verdadero de cambiar supone tener media batalla ganada. Ahora, debo volver junto a Beth. No te desanimes, hijita; pronto podrás volver a casa.