Mujercitas
Mujercitas —Querida, no te enfades por esto y deja que te cuente cómo ocurrió todo. John me acompañó a petición del señor Laurence y se mostró tan atento con tu pobre padre que no pudimos evitar tomarle cariño. Fue totalmente sincero y honrado con respecto a sus sentimientos hacia Meg, nos dijo que la quería pero que trabajaría para poder darle un hogar confortable antes de pedir su mano. Solo pretendía contar con nuestro consentimiento para quererla y luchar por ella, y nuestro permiso para intentar conquistar su corazón. Es un hombre extraordinario y no podíamos negarnos a escucharle, pero no permitiré que Meg se comprometa siendo tan joven.
—Claro que no, ¡sería una estupidez! Sabía que tramaba algo, lo sentía. ¡Pero es peor de lo que imaginaba! Cómo me gustaría poder casarme con Meg yo misma para mantenerla sana y salva dentro de la familia.
Tan curiosa ocurrencia hizo sonreír a la señora March, que sin embargo añadió muy seria:
—Jo, confío en ti. No le digas nada a Meg. Cuando John vuelva, los veré juntos y entonces conoceré mejor los sentimientos de tu hermana hacia él.