Mujercitas
Mujercitas 
La cara de Jo, al dÃa siguiente, era digna de verse. Guardar el secreto le costaba y tenÃa ganas de hacerse la importante y adoptar un aire misterioso. Meg se dio cuenta, pero no le prestó atención porque sabÃa por experiencia que la mejor manera de conseguir algo de Jo era actuar en sentido contrario a lo esperado. Y que, cuanto menos preguntase, más posibilidades tenÃa de que su hermana se lo contase todo. Por eso le sorprendió sobremanera que Jo no solo no rompiese su silencio, sino que la tratase con una condescendencia irritante, con lo que Meg adoptó una digna reserva y se volcó en atender a su madre. Jo quedó libre de obligaciones, puesto que la señora March se hizo cargo de las labores de enfermera y le recomendó que descansase, hiciese ejercicio y se divirtiese como antes de aquel largo encierro. Como Amy no estaba en casa, Laurie era su único consuelo. Sin embargo, aunque disfrutaba de su compañÃa, temÃa verle en aquellos momentos porque él siempre la sonsacaba y podrÃa arrancarle su secreto.
