Mujercitas
Mujercitas Meg se apoyó en su madre con aire desesperado, mientras Jo caminaba de arriba abajo por la sala insultando a Laurie. De pronto, se detuvo, cogió las dos cartas y, después de estudiarlas con detenimiento, dijo, tajante:
—No creo que Brooke haya visto o escrito ninguna de estas cartas. Ambas son obra de Teddy y habrá guardado la tuya para fastidiarme porque no quise compartir con él mi secreto.
—Jo, no guardes secretos, Cuéntaselo todo a mamá como yo debÃa haber hecho y te evitarás problemas —advirtió Meg.
—¡Por Dios! ¡Pero si fue mamá la que me dijo el secreto!
—Basta ya, Jo. Yo consolaré a Meg mientras tú vas a buscar a Laurie. Quiero llegar al fondo de este asunto y poner freno a tanta tonterÃa de una vez por todas.
Jo salió disparada y la señora March explicó con suma dulzura a Meg los auténticos sentimientos del señor Brooke.
—Ahora, querida, dime, ¿qué sientes tú? ¿Le quieres lo suficiente para esperar a que consiga un hogar para vosotros o prefieres seguir sin compromiso por ahora?