Mujercitas
Mujercitas —No, él solo quiere oÃr la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. De haber podido contarle algo sin involucrar a Meg lo habrÃa hecho pero, como no se me ocurrió nada, me mordà la lengua y aguanté la reprimenda hasta que el viejo me cogió por el cuello. Eso me sacó de mis casillas y preferà salir de allà antes de perder el control.
—No estuvo bien, pero seguro que se arrepiente. Baja y haz las paces con él. Te ayudaré.
—¡Que me cuelguen si lo hago! No pienso aguantar sermones y palizas de todo el mundo por haber hecho una tonterÃa. Lamento haber herido a Meg y le he pedido perdón como un hombre, pero no pediré disculpas cuando no soy culpable de nada.
—Pero él no lo sabe.
—Pues deberÃa confiar en mà y no tratarme como a un niño. Es inútil, Jo. Tiene que entender que sé cuidar de mà y no necesito esconderme bajo las faldas de nadie.
—¡Menudo cascarrabias estás hecho! —dijo Jo con un suspiro—. ¿Y cómo piensas arreglar las cosas?
—Bueno, tendrá que pedirme perdón y confiar en mà cuando digo que no puedo contarle qué está pasando.
—¡Por Dios! Dudo mucho que lo haga.
—Pues no bajaré hasta que eso ocurra.