Mujercitas
Mujercitas —Vamos, Teddy, sé razonable. Olvida el asunto. Le explicaré hasta donde pueda. No puedes quedarte aquà para siempre; ¿de qué te sirve ponerte melodramático?
—De todos modos, no tengo previsto pasar demasiado tiempo aquÃ. Me escaparé y, cuando el abuelo me eche en falta, irá corriendo a pedirme perdón.
—Supongo que tienes razón, pero no creo que debas marcharte y preocuparle de ese modo.
—No me sermonees. Iré a Washington a ver a Brooke. Es una ciudad llena de diversiones y podré pasar un buen rato después de tantos problemas.
—¡Qué bien lo pasarás! ¡Cómo me gustarÃa ir contigo! —dijo Jo, que olvidó su papel de consejera al imaginar escenas de la vida militar en la capital.
—Entonces, ven conmigo. ¿Por qué no? Le darás una sorpresa a tu padre y yo animaré un poco al bueno de Brooke. SerÃa estupendo. ¡Hagámoslo, Jo! Dejaremos una carta para explicar que estamos bien y nos marcharemos enseguida, Tengo suficiente dinero. Te sentará bien y no hay nada malo en ello, puesto que irás a ver a tu padre.