Mujercitas
Mujercitas Cuando descubrieron a Hannah sollozando detrás de la puerta frente a un grueso pavo que había olvidado meter en el horno con las prisas por salir de la cocina, todos prorrumpieron en carcajadas que quebraron el romanticismo imperante. Cuando las risas se calmaron, la señora March dio las gracias al señor Brooke por haber cuidado con entrega a su esposo, lo que hizo que de pronto el profesor recordara que el señor March necesitaba reposo, de modo que, tomando a Laurie del brazo, se retiró precipitadamente. Los dos convalecientes se sentaron para descansar, pero no por ello dejaron de charlar animadamente.
El señor March refirió la ilusión con la que había preparado la sorpresa de su vuelta y cómo, al llegar el buen tiempo, su médico le había permitido salir y disfrutar de él. Explicó que Brooke le había cuidado con absoluta entrega y lo describió como un joven muy formal al que tenía en gran estima. Dejaré que el lector concluya por qué, dicho esto, el señor March hizo una pausa, miró primero a Meg, que estaba ocupada avivando el fuego, y luego a su mujer, con las cejas arqueadas en señal de interrogación; y por qué la señora March asintió con la cabeza y le preguntó, cambiando bruscamente de tema, si quería comer algo. Jo lo vio todo y comprendió lo que ocurría. Con cara muy seria, fue a buscar un vaso de vino y un poco de caldo de carne. Una vez cerrada la puerta de la cocina, masculló: