Mujercitas
Mujercitas —Para nada. Ya tienes dieciséis años, edad suficiente para ser mi confidente, y mi experiencia te puede ser de ayuda cuando te veas en una situación similar.
—No tengo previsto verme en nada parecido. Me divierte ver a otros flirtear, pero me sentirÃa estúpida si lo hiciese yo —afirmó Jo, asustada ante la simple posibilidad.
—Supongo que si te gustase alguien lo suficiente y tú le gustases a él no te sentirÃas asÃ. —Meg hablaba como para sà y miraba hacia el parque en el que tantas veces habÃa visto pasear y charlar a parejas de enamorados en los crepúsculos estivales.
—Pensé que ibas a decirme qué respuesta le darÃas a ese hombre —le recordó Jo interrumpiendo rudamente la ensoñación de su hermana.
—¡Oh! Simplemente le dirÃa con mucha calma y decisión: «Gracias, señor Brooke, es usted muy amable, pero estoy de acuerdo con mi padre en que soy demasiado joven para comprometerme. Por favor, no insista y sigamos siendo amigos como hasta ahora».
—¡Ya! Eso me parece bastante formal y frÃo. No creo que seas capaz de decÃrselo y sé que, de hacerlo, eso no le detendrÃa. Si insiste como suelen hacer los amantes en las novelas, acabarás cediendo por no herir sus sentimientos.
—¡No, te equivocas! Le dirÃa que mi decisión es firme y saldrÃa de la habitación dignamente.