Mujercitas
Mujercitas Meg, que habÃa dedicado el tiempo de espera a trabajar, se habÃa vuelto más femenina y más ducha en las artes del ama de casa, y estaba más guapa que nunca porque el amor es el mejor tratamiento de belleza. TenÃa las ambiciones y esperanzas propias de la juventud, y por eso la habÃa descorazonado un poco la humildad con la que habÃa de iniciar su nueva vida en pareja. Ned Moffat acababa de contraer matrimonio con Sallie Gardiner y Meg no podÃa evitar comparar su elegante casa, su carruaje, sus muchos regalos y su espléndido vestido con los suyos, y deseaba, secretamente, poder tener algo igual. Pero la envidia y el desencanto desaparecÃan enseguida cuando pensaba en el paciente amor y la entrega con la que John habÃa logrado adquirir la pequeña vivienda que ya estaba lista para ella. Y cuando se sentaban juntos, al atardecer, y conversaban sobre sus planes, su futuro le parecÃa tan hermoso y lleno de luz que el esplendor de la vida de Sallie quedaba atrás y se sentÃa la muchacha más rica y feliz de la cristiandad.