Mujercitas
Mujercitas —¿Por qué no te metÃas en la cocina a hacer experimentos? Sallie lo hace para entretenerse, pero dice que todo le sale fatal y que las sirvientas se rÃen de ella —comentó Meg.
—Lo hice al cabo de un tiempo, pero no por «experimentar», sino para aprender de Hannah y evitar asà que mis criadas se burlasen de mÃ. En aquel momento no era más que un juego, pero con el tiempo, cuando quise cocinar para mis pequeñas, agradecà mucho saber hacerlo y poder ocuparme de todo cuando ya no me era posible pagar a alguien para que me ayudase. Querida Meg, tú empiezas en ese punto, pero las lecciones que aprendas ahora te serán de gran utilidad en un futuro, cuando John sea un hombre rico, ya que la señora de una casa debe saber hacer el trabajo que pide a sus sirvientes; asà es como se consigue un servicio satisfactorio y honrado.
—SÃ, mamá, estoy segura de ello —repuso Meg, que habÃa escuchado con respeto las palabras de su madre; las tareas domésticas son un asunto tan complejo que la mejor de las mujeres podrÃa hablar durante horas del tema—. Esta habitación es mi preferida —añadió Meg cuando, minutos después, subieron al dormitorio y se detuvo a contemplar su bien surtido armario de ropa blanca.