Mujercitas
Mujercitas —No me sermonees más, soy una buena persona. Ya tengo bastante con lo que debo aguantar durante la semana; cuando vuelvo a casa, me apetece divertirme. Mañana me vestiré de gala, cueste lo que cueste, y seré un orgullo para mis amigos.
—No volveré a darte la lata si te dejas el pelo un poco más largo. No soy una aristócrata, pero no me agrada que me vean en compañÃa de un joven que parece un boxeador profesional —sentenció Jo en tono severo.
—Este estilo modesto favorece el estudio, por eso lo usamos —afirmó Laurie, al que ciertamente no se podÃa acusar de ser vanidoso, puesto que habÃa sacrificado voluntariamente su hermoso cabello ondulado—. Por cierto, Jo, creo que Parker está loco por Amy. No para de hablar de ella, le escribe poemas y se queda embobado pensando en ella. SerÃa mejor cortar este asunto antes de que vaya a más, ¿no te parece? —preguntó Laurie hablando como un hermano mayor tras unos minutos de silencio.
—Por supuesto, no queremos más bodas en la familia por ahora. Por amor de Dios, ¿en qué piensan hoy en dÃa los crÃos? —Jo parecÃa escandalizada, como si Amy y Parker, en lugar de adolescentes, siguieran siendo niños.