Mujercitas
Mujercitas —Querida mamá, no sientas que me separo de ti o que te quiero menos porque ame tanto a John —dijo, abrazada a su madre, con los ojos empañados—. Papá, vendré todos los dÃas y espero que me reservéis un lugar en vuestros corazones aunque esté casada. Beth pasará mucho tiempo conmigo y las demás vendrán de vez en cuando a verme para reÃrse de mis esfuerzos por convertirme en una buena ama de casa. ¡Gracias a todos por haber hecho que el dÃa de mi boda fuese tan feliz!
Todos la vieron marchar con el rostro henchido de amor y esperanza, presa de una gran ternura, apoyada en el brazo de su marido, con flores en la mano y el sol de junio iluminando su rostro feliz… Y asà empezó Meg su vida de casada.