Mujercitas
Mujercitas —El curso de dibujo termina la semana que viene y, antes de que mis compañeras se marchen de vacaciones de verano, me gustarÃa invitarlas un dÃa a casa. Les hace mucha ilusión ir al rÃo, dibujar el puente roto y copiar algunas de las cosas que han admirado en mi cuaderno de bocetos. Se han portado muy bien conmigo y estoy muy agradecida porque, a pesar de ser todas ricas y saber que yo soy pobre, nunca me han excluido.
—¿Por qué habrÃan de hacerlo? —preguntó la señora March adoptando lo que sus hijas solÃan llamar «un aire MarÃa Teresa».
—Sabes tan bien como yo que la mayorÃa de la gente tiene en cuenta esas cosas, asà que no te alborotes como una gallina clueca que descubre a unos pájaros dando picotazos a sus polluelos; ya sabes que el patito feo resultó ser un cisne —dijo Amy sonriendo sin amargura, porque tenÃa muy buen carácter y un espÃritu positivo.
La señora March rió, controló su orgullo maternal y preguntó:
—Bien, cisne mÃo, ¿qué has pensado?
—Me gustarÃa invitar a las chicas a merendar la semana que viene, llevarlas a los lugares que les apetezca conocer, tal vez dar un paseo por el rÃo y organizar una pequeña fête artÃstica en su honor.