Mujercitas
Mujercitas —Llévatelo todo; soy la única a la que le gusta el dulce en esta casa y se estropearÃa antes de que pudiera terminármelo —respondió Amy, que lanzó un suspiro al pensar en las compras que tan generosamente habÃa hecho ¡para terminar asÃ!
—Es una pena que Laurie no esté aquà para ayudarnos —dijo Jo cuando se sentaron a comer helado y ensalada por cuarta vez en dos dÃas.
La madre le lanzó una mirada disuasoria para evitar que los comentarios siguieran y, a partir de ese momento, todos comieron en heroico silencio, hasta que el señor March explicó:
—La ensalada era uno de los platos favoritos de nuestros antepasados y Evelyn… —El educado caballero interrumpió su culto discurso sobre la historia de la ensalada al ver que todas prorrumpÃan en carcajadas.
—Lo pondremos todo en un cesto y lo mandaremos a casa de los Hummel. A los alemanes les gustan estos platos. A mà me enferma solo mirarlos y no creo que tengamos que sufrir todos una indigestión porque yo haya sido una estúpida —exclamó Amy secándose las lágrimas.
—Cuando os vi a ti y a tu amiga en aquel chisme, como sea que le llames, y a mamá dándoos la bienvenida, creà que me daba un ataque. ParecÃais dos gajos pequeñitos en una nuez enorme —dijo Jo, agotada de tanto reÃr.