Mujercitas
Mujercitas Al final, tras mucha discusión, fueron a la costa y, aunque Beth no volvió todo lo sonrosada que esperaban, sí estaba mucho mejor. Y la señora March afirmó que se había quitado diez años de encima. Jo se sintió satisfecha por la forma en que había invertido el dinero del premio y retomó el trabajo con mucho ánimo, decidida a conseguir más de aquellos deliciosos cheques. Aquel año, se hizo con varios más y empezó a sentirse un puntal para la familia porque, por arte y gracia de la literatura, sus «tonterías» servían para que todos viviesen mejor. «La hija del duque» pagó la factura de la carnicería, «La mano del fantasma» sirvió para cambiar la alfombra y «La maldición de los Coventry» resultó ser una bendición para la familia porque se tradujo en ropa y comida para todos.
Sin duda la riqueza es deseable, pero la pobreza también tiene sus virtudes y uno de los aspectos más dulces de la adversidad es la satisfacción que produce el trabajo, sea manual o mental. Muchas veces la sabiduría, la belleza y otras bendiciones de este mundo nacen de la necesidad. Jo conoció el sabor de la satisfacción y dejó de envidiar a las muchachas ricas al sentir que podía mantenerse por sí misma, sin tener que pedir un centavo a nadie.