Mujercitas
Mujercitas A su padre le gustaba mucho el toque metafísico que sin pretenderlo tenía la obra, así que la joven optó por dejarlo, aunque sin verlo del todo claro. Su madre pensaba que el texto pecaba de un exceso de descripciones, por lo que casi todas quedaron fuera, junto a aspectos importantes para la trabazón de la trama. Meg admiraba el carácter trágico, por lo que aumentó el grado de dramatismo para que quedara a su gusto, y, como Amy había puesto pegas a los pasajes cómicos, Jo, con la mejor intención, cambió el tono de algunas de las escenas más divertidas que servían para que la historia resultase menos sombría. Luego, para acabar de estropearlo, eliminó un tercio de las páginas y envió confiadamente la pobre y reducida novela, como un escogido petirrojo, al ajetreado y ancho mundo en busca de su destino.
La obra se publicó y ella cobró trescientos dólares. Recibió alabanzas y críticas en igual medida, muchas más de las que esperaba, lo que la sumió en un estado de agitación del que tardó en recuperarse.