Mujercitas
Mujercitas —¡Está bien, lo haré! ¡Lo haré! Pero si pasa algo la responsable serás tú. —Obedeciendo las instrucciones de Jo, Laurie cerró los ojos mientras ella le entregaba el bulto. Al oÃr reÃr a Jo, Amy, la señora March, Hannah y John, Laurie abrió los ojos y descubrió que tenÃa dos criaturas, una, en cada brazo.

¡No era de extrañar que se rieran! Laurie miraba incrédulo a las inocentes criaturas y a sus divertidos espectadores, con los ojos como platos y una expresión de pasmo tan divertida que ni un cuáquero hubiese podido evitar desternillarse; Jo terminó sentada en el suelo, muerta de risa.
—¡Por Júpiter, pero si son gemelos! —Durante varios minutos, aquella frase fue lo único que el joven alcanzó a decir, y la repetÃa una y otra vez. Por fin, con un aire tan cómico que inspiraba piedad, añadió—: ¡Por favor, que alguien me quite a los niños de los brazos! ¡Ya no puedo contener más la risa y temo que se me caigan al suelo!
John rescató a sus hijos y se paseó por la sala de arriba abajo con uno en cada brazo, como si fuese un iniciado en los misterios del cuidado de los recién nacidos, mientras Laurie reÃa hasta que se le saltaron las lágrimas.