Mujercitas
Mujercitas —Ninguno. Le comentaron que en la granja que hay al otro lado del rÃo tenÃan un caballo joven que nunca habÃa montado ninguna dama y decidió probar suerte con él, porque era un animal hermoso y lleno de fuerza. ¡Menuda lucha! Para empezar, no habÃa nadie que le pudiese llevar el caballo, asà que tuvo que ir ella a buscarlo; con la silla sobre la cabeza, cruzó el rÃo y fue hasta el establo. ¡El granjero se quedó de una pieza cuando la vio entrar!

—¿Y al fin montó el caballo?
—Por supuesto, y lo pasó en grande. Yo temà que volviese a casa descuajaringada, pero lo dominó enseguida y se divirtió como nadie.
—¡Eso es lo que yo llamo ser valiente! —comentó el joven Lamb, que miró con aprobación a Amy y se preguntó qué estarÃa contándole su madre para que la joven estuviese tan roja y pareciese tan incómoda.
Un instante después, Amy se puso aún más roja y se sintió todavÃa más incómoda porque la conversación derivó hacia el tema del atuendo. Una muchacha preguntó a Jo dónde habÃa conseguido el sombrero que habÃa lucido en un picnic, y la estúpida de Jo, en lugar de referirse al lugar en el que lo habÃan comprado dos años antes, respondió con una franqueza fuera de lugar: