Mujercitas
Mujercitas —A mà no me importa trabajar, y no es solo cosa de los Chester, también participan los Freedmen. Considero muy amable por su parte que me inviten a compartir la diversión y el trabajo con ellas. La condescendencia bienintencionada no me incomoda.
—Buena respuesta, querida. Me gusta mucho que seas agradecida, es un placer ayudar a las personas que valoran el esfuerzo que hacemos por ellas. Hay quien no lo aprecia en su justa medida, y es una auténtica pena —observó la tÃa March mirando por encima de sus gafas a Jo, que se mecÃa en un rincón, con aire malhumorado.

Si Jo hubiese sabido lo importante que era aquella visita para la felicidad de una de ellas, se habrÃa comportado de maravilla en ese mismo instante. Pero, por desgracia, no podemos ver lo que cruza por la mente de nuestros amigos. Por lo general, está muy bien no saberlo, pero en ciertos casos nos ayudarÃa a ahorrar tiempo y nos evitarÃa enfadarnos en vano. Lo que a continuación dijo Jo la privó de varios años de placer y le dio una lección muy oportuna sobre la conveniencia de medir sus palabras.
—No me gusta que me hagan favores. Me agobian y me hacen sentir como si fuese una esclava. Prefiero hacer las cosas por mà misma y ser totalmente independiente.
La tÃa Carrol carraspeó y miró a la tÃa March.