Mujercitas
Mujercitas Venturosamente ignorante de lo que acababa de hacer, Jo permaneció sentada con un aire altivo y un aspecto rebelde muy poco atractivos para las demás.
—Querida, ¿hablas francés? —preguntó la tÃa Carrol poniendo su mano sobre la de Amy.
—Bastante bien, gracias a que la tÃa permite que Esther hable conmigo en su lengua bastante a menudo —contestó Amy con tanta gratitud en la mirada que la anciana sonrió satisfecha.
—¿Qué tal se te dan los idiomas? —preguntó la tÃa Carrol a Jo.
—No hablo ninguno; soy demasiado tonta para estudiarlos. Detesto el francés. Me parece una lengua cursi y ridÃcula —respondió Jo con malos modos.
Las dos tÃas volvieron a intercambiar una mirada, tras lo cual la tÃa March preguntó a Amy:
—Querida, estás fuerte y gozas de buena salud, ¿verdad? ¿Ya no tienes problemas con la vista?
—No, gracias. Me encuentro muy bien y espero hacer muchas cosas este invierno para estar lista para ir a Roma cuando me sea posible.
—¡Buena chica! Mereces ir y estoy segura de que lo conseguirás algún dÃa —apuntó la tÃa March, dándole una palmadita de aprobación en la cabeza, cuando Amy le entregó el ovillo de lana que se le habÃa caÃdo al suelo.