Mujercitas

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May Chester estaba bastante celosa de Amy porque sentía que ésta la superaba en popularidad, y en aquel momento se dieron varios hechos que aumentaron aún más ese sentimiento. Los dibujos a plumilla de Amy eclipsaron totalmente los jarrones pintados de May. Aquélla fue la primera espina en clavarse pero, por si no fuese bastante, el todopoderoso Tudor bailó en cuatro ocasiones con Amy en la fiesta que ofrecieron al final del día y solo una vez con May. Aquello supuso una segunda espina. Pero la peor afrenta, la que le sirvió de excusa para mostrar una actitud hostil, nació de un rumor que llegó a sus oídos, según el cual las hermanas March habían hecho mofa de ella en casa de los Lamb. La culpa de todo la tenía Jo, claro está, porque su socarrona imitación había sido demasiado evidente y los traviesos Lamb no habían podido guardar el secreto. Sin embargo, las acusadas no supieron nada de ello, de ahí que sea fácil imaginar el disgusto de Amy cuando, la tarde antes de la inauguración, mientras daba los últimos toques a su hermoso puesto, la señora Chester, muy dolida por la supuesta mofa de su hija, se acercó y dijo, con tono inexpresivo y mirada fría:





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